La Lanza de Longinos

En 1912, un pintor fracasado vagaba por las calles de Viena. Intentaba malvender sus acuarelas por los cafés y restaurantes. Había suspendido el examen de ingreso para la escuela de Bellas Artes y su futuro profesional y personal se mostraba negro. De pensión en pensión y sin poder comer todos los días intentaba sobrevivir al día a día.

Palacio de Hofburg en Viena

Un día de Diciembre se resguardó de la intensa lluvia en el Palacio Hofburg. Comenzó a deambular por las salas del museo hasta que se detuvo en una vitrina que contenía un singular objeto. Ahí estaba, sobre un manto de rojo terciopelo, una de las reliquias más poderosas de la religión cristiana: la Lanza de Longinos (o también Lanza del Destino). Allí volvería años más tarde con un amigo para estudiar el poder oculto de la lanza que atravesó el costado de Jesucristo.

Para buscar el origen de la lanza hemos de observar qué dicen en la Biblia los evangelistas. San Juan cuenta que un soldado romano clavó la lanza en el costado de Cristo para certificar su muerte: “Fueron pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro cruzificado con él. Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no quebraron sus piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua”. En el evangelio de San Marcos no aparece este detalle, tan solo cuenta: “Pero Jesús lanzando un fuerte grito, expiró. Y el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba a abajo. Al ver el centurión, que estaba frente a él, que había expirado de esta manera dijo <<Verdaderamente, éste era el hijo de Dios>>” También San Mateo y San Lucas hacen referencia a la presencia del centurión.

Según los primeros cristianos, éste romano se llamaba Cayo Casio Longinos y sufría una ceguera parcial que le quedó milagrosamente curada al salpicarle la sangre y agua que brotó del pecho de Jesús en el momento de clavar la lanza.

Aquel pintor frustrado tenía ante sí el misterioso objeto de unos 50cm de largo del que tan vagamente hablaba la Biblia. Aunque junto a la Lanza se encontraban otras joyas del Imperio Germano e incluso la espada de Carlomagno, la atención del pintor se centraba en aquel objeto y en su conocida leyenda apócrifa “Quien la sostenga en sus manos, sostendrá, para bien o para mal, el destino del mundo”.

Veintiséis años más tarde aquel pintor se había convertido en el dueño de Alemania, se llamaba Adolf Hitler. En Marzo de 1938 Hitler volvió a entrar en el museo, ésta vez con el jefe de las SS, para ordenar que requisaran la Lanza, junto con otras 31 reliquias y las enviaran a Alemania.

Según cuenta su amigo ocultista, Hitler le confesó que creía que ya había tenido la Lanza en su poder en alguna otra vida pasada. Concretamente creía que era la reencarnación de un siniestro señor feudal del siglo XI llamado Landulfo II de Capua, que había sido excomulgado por el Papa por sus conocimientos de magia y tambíen había mostrado especial fascinación por la Lanza.

Lanza de Longinos

En realidad, la historia de la Lanza es bastante confusa. Hay miles de historias y leyendas sobre las personas sobre las que pasó: el rey Herodes, Constantino… en incluso Alejandro Magno, antes de que acabara en las manos del centurión romano. Según la tradición cristiana, un hombre rico llamado José de Arimatea, que aparece en la Biblia, se ocupó de conservar junto con la Lanza: la Cruz, los Clavos, la Corona de Espinas y el Sudario que envolvió a Cristo. Si se indaga más en esa leyenda, también se dice que ya empezó a recoger dichas reliquias antes de la Pasión de Cristo, ya que también conservó el Santo Grial usado por Jesús en la Última Cena. Al parecer, este hombre escondió todas esas reliquias y gracias a unas supuestas claves que dejó, fue Helena (madre de Constantino) la que redescubrió todos esos tesoros.

Otra historia cuenta que tras pasar por manos de San Mauricio (un centurión romano convertido al cristianismo que sufrió martirio), llegó al poder del abuelo de Carlomagno (Carlos Martel), que sostuvo la Lanza cuando derrotó a los árabes en la batalla de Poitiers, e incluso que su conocido nieto no conocería la derrota en sus batallas hasta que, tras 47 combates, murío al poco de habérsele perdido accidentalmente. Tras pasar por varios monarcas Sajones, Federico I se la llevó a la Tercera Cruzada donde al poco de perderla murió ahogado en un río. Al ser incorporada la reliquia al tesoro de los Habsburgo, viajaría durante años por varios castillos de Europa hasta acabar en Viena. Aunque de todas formas, esta historia se confunde con la difusión de algunas falsas lanzas que tenían origen medieval.

Siguiendo con la historia de Hitler, cuando los aliados tomaron Alemania, capturaron al que había quedado encargado de ocultar los tesoros saqueados. Tras varios interrogatorios, les guió hasta un muro falso, que al ser derribado reveló una cámara secreta con la parte más importante del tesoro de los Habsburgo, entre ellos la Lanza. Aunque se suponia que había sido devuelta a Viena con todo el tesoro, en 1946 apareció en Los Angeles. Al poco tiempo todo el tesoro fué devuelto a Viena y aunque los análisis confirmaron que era la verdadera lanza, se cree que los americanos pudieron quedarse con la original. En ese caso, su leyenda de “quien posea la lanza tendrá en sus manos el destino del mundo” se ha cumplido al pie de la letra.

3 comentarios to “La Lanza de Longinos”

  1. GRACIAS POR LOS DATOS PROPORCIONADOS. ME AGRADARIA MUCHO ME ENVIEN INFORMACION POSTERIOR AL RESPECTO Y TAMBIEN DEL SANTO GRIAL, ASI COMO EL MANTO SAGRADO Y ARTICULOS RELACIONADOS….GRACIAS

    • Dario Siero Says:

      Gracias, ultimamente no se me ocurría nada sobre lo que escribir pero me has dado buenas ideas.
      Me pondré a recopilar información sobre el Santo Grial y la Túnica Sagrada, a ver si lo puedo publicar no tardando.
      Un saludo

  2. EXCELENTE ARTICULO. SIGAN CON ESA SERIE DE ARTÍCULOS QUE AYUDAN A CONOCER DETALLES, QUIZAS NO DICHOS ANTERIORMENTE DE LA HISTORIA ANTES Y DESPUES DE CRISTO

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